CAPÍTULO V
2 de Octubre
Martín:
No mentías, ¿verdad? Hoy le he dicho a mi conciencia que tenga paciencia, pero yo sigo aquí, esperando una ilusión, o una cosa que me haga sentir mejor. Pero de echo, parece que nada de lo que dices sirve. Solo tengo ganas de llorar, llorar y que me veas, que veas que no eres el único que sufre cuando estas lejos, porque a mi también me molesta, y me molestaba el día que te marchaste, aún que yo sabia disimular mejor. ¿Y ahora qué? ¿Me toca fingir que estoy bien, y seguir con el optimismo de siempre, y seguirte la corriente, esconder las lágrimas y tragarme mis sollozos? Por lo que veo, mentir es la base. Y ahora esta última carta, que me ha roto la firmeza, esta que me ha echo dudar otra vez de mi capacidad para asimilar el dolor. Fingir, otra vez. Otra palabra que no quería leer en estos momentos, la que me ha echo volver a llorar como antes. Y quererte tan cerca, pero a la vez tan lejos, querer abrazar tu calor, y querer tocar a la vez tu ausencia. Mostrarme serena, aún que por dentro las ruinas del optimismo me han cubierto por completo. No querer explicarte que me siento impotente por no poder hacer nada. Un abrazo que empezará a hacerse molesto, y después otro beso que mojarán mis lágrimas. No podre resistirme a demostrarte que eres mejor de lo que tu crees, pero luego lo pienso, y me doy cuenta de que no servirá de nada ya, y me siento inútil. Me siento todavía entre esas ruinas de optimismo que cuestan de levantar, intento mirar a mi alrededor y quiero ver que se han levantado una cuarta parte de ellos, parpadeo, y veo que todo eso sigue siendo un sueño, lo intento yo, pero no puedo cargar ni con una piedra más. Intento cambiar de tema en mi cabeza, leer mis libros o estudiar, y siento que todo es en vano. Me cuesta darme cuenta del deseo que te pertenece de verme y me siento aún mas impotente que antes. Finjo para no verte mal otra vez. Me derrumbo porque te empezarás a dar cuenta, y se que no sabre que responder cuando me preguntes, se que el cansancio no será buena excusa. Creo distinguir, después de tanto tiempo, un pensamiento claro de amor, intento esperar a que se acabe este triste juego, que se está haciendo largo. Espero a que digas algo inesperado, y pruebo de sonreír por debajo de mi rostro, simplemente lo pienso, pero no lo quiero gesticular. Y como siempre, acabo cuestionándome lo mismo, inútil y desesperadamente.
Cree que te ama:
Clara
6 de Octubre
Clara:
Esta noche nos volveremos a ver, deja la ventana abierta. Nos vemos en tu habitación a la medianoche.
Martín.
No me puedo creer lo que voy a contar, me parece imposible, pero sé que es real. No puedo decidir que hacer ahora. Me siento estúpido e inútil. No encuentro una razón coherente por la que lo hiciste. No, ya no me importa nada más. Ahora entiendo como te sentías, mi vida ya no tiene sentido sin ti.
Tenia tantas ganas de verla, de abrazarla, de besar esos hermosos labios, de oler su pelo suave de nuevo. Se quitó las zapatillas para hacer menos ruido. Entró por la ventana, con extremada precaución, procurando no asustarla, y pensando en como debería haber cambiado ella. Pasó por las suaves cortinas de seda blanca, y automáticamente una sonrisa se hizo en su rostro. Estaba oscuro, y tardó unos segundos hasta que sus ojos se acostumbraron a la poca luz. Después no pudo explicar exactamente lo que sintió, la sonrisa se borró al instante, la vio allí, en su cama, una mancha de sangre había alcanzado sus pies descalzos. Su vestido blanco estaba teñido por su sangre. Se acerco a ella, sus mejillas se mojaron, y su respiración se entrecortó. Besó sus labios fríos, y acarició su rostro pálido, no podía creerse lo que estaba viendo, deseaba que despertara después de su beso, como la bella durmiente despertó ante el príncipe. Se movió un poco y notó como algo le cortaba limpiamente la rodilla, se apartó, busco con la mano el instrumento que le había dejado tal herida, un cuchillo. Lo cogió con sus manos temblorosas y lo miró con lágrimas en los ojos. Entonces recordó la historia de Romeo y Julieta, intentó memorizar exactamente lo que decía, se acerco a su oído y recitó en voz baja:
-”Aquí es dónde voy a poner mi descanso eterno y sacudiré el yugo de las estrellas enemigas de esta carne harta de mundo. Ojos mirad por última vez, brazos dad el último abrazo y labios que sois puertas del aliento, sellad con legítimo beso.”
Empuñó el cuchillo decididamente, y lo hundió en su pecho, quebrando su corazón, acabando con su vida.
Su cabeza se desplomo sobre el vientre de su amada, y su cuerpo perdió la fuerza que le sostenía de pie. Después, el aire movió por ultima vez las cortinas de seda blanca, antes de que aquella ventana se cerrara para siempre.
FIN
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