martes, 10 de julio de 2012

Instrucciones para ser feliz



La felicidad en su estado base provoca en el ser humano una sensación de bien estar. Para alcanzarla en su estado más puro es necesario prestar atención en algunos aspectos cotidianos.
Para usted, querido lector, he preparado una pauta sencilla. Estos objetivos le llevarán a descubrir su felicidad oculta. Si está listo para adentrarse en un mundo mejor, siga leyendo.

Empezaremos por el principio. Lógico, ¿no?

  • Mire a su alrededor, ¿le gusta su entorno?. Debe sentirse cómodo y a gusto con lo que le rodea. En su habitación debe haber armonía, si necesita mover o cambiar de sitio los muebles, ¡adelante!. Se sentirá mucho mejor cuando lo que tenga delante le resulte agradable a los ojos.
  • Piense en lo que le gusta más de la vida. ¿La disfruta como debe? Le aconsejo que escriba en una hoja de papel, de la medida que quiera, cuatro palabras que le animen a seguir adelante. Cuelgue esa hoja en un lugar de su habitación donde pueda leerlas cada mañana, o más de una vez durante el día. Le será de ayuda para empezar el día de buen humor.
  • No debe importarle lo que piensen los demás. Ignore toda crítica si no es constructiva. El miedo al “qué dirán” ha de quedar anulado. Desahogarse es un buen método.
  • Procure tener buena vida social. Nada de quedarse encerrado en casa toda la tarde o todo el fin de semana. Salga y respire aire fresco. Quede con sus amigos y familiares siempre que pueda. Poder hablar con alguien es una buena forma de sentirse aliviado.
  • Pierda el miedo a las decisiones importantes. No debe temer equivocarse.
  • Para acabar, ¡siéntase libre! Debe disfrutar de la vida y confiar en usted.

Así pues, espero que le haya servido de ayuda. Como dijo un anónimo:
“El regalo de la felicidad pertenece a quienes lo sacan de su envoltorio.”

Sunlight



Ayer salió el sol temprano, más amarillento que hoy. Parecía sonreírme desde lo alto, sereno y confortable. Una bola pajiza en mitad de aquel manto claro manchado de nubes transparentes. Se había encogido y el cielo se volvió de un azul inmenso. Esta noche, al despertarme, he mirado hacia la ventana y he visto la luna llena reflejada en el cristal. Una esfera albar y inmejorablemente redonda se difuminaba en el vidrio. Me ha parecido que se aproximaba y me sonreía. En la coyuntura de alcanzarla con tino y ternura se ha disipado, dejando esa bola áurea e impecable reducida a un nimbo de anhelos resquebrajados y fracasados conatos de ser dichoso.
Al levantarme esta mañana y mirar al mar he pensado: “Hermosura del día y su cielo, como brazos me cobijas, como alma me amparas con el manto claro y alegre de tus garras.” Pero el sol se ha apartado dejándome con mis noches cenizas, con ideas vagantes que inundan una habitación vacía de risas y alegrías . Ya no me sonreía.