CAPÍTULO IV
23 de Septiembre
Martín:
¿Como que lo olvide? Me sorprendió bastante encontrarme esa estúpida nota en el lugar donde yo dejo las mías. Así me estas demostrando que tu tampoco lo olvidaste. ¿Y ahora me pides que lo haga yo? Quién te entiende Martín. Eres imposible, siempre lo has sido. ¿Entiendes ahora porque tanto empeño en tenerte? Siempre había sido decidida, de carácter fuerte, y lo sabes. ¿A caso no te das cuenta de lo que me he convertido? No, no lo entiendes aún. Yo ya no soy yo, me he convertido en un vampiro que huye de la luz, estoy pálida, y tengo los ojos rojos de llorar. Desearía estar muerta, porque sería la única manera de volverte a ver. Sí, quisiera convertirme en un vampiro, poder volar y marcharme lejos, estar muerta de una vez por todas, y no volver a ser mortal. La verdad desearía no volver a existir, no volver a ser Clara, la extrovertida, sino simplemente, no ser nada. ¿A caso no dicen que nada es imposible? Entonces, mejor. Seria imposible, como tu.
Mi camino se ha acabado, ¿no te das cuenta?. Ya no hago nada aquí. El frío y la rabia de mi vida a traído fuertes nevadas en mi corazón, lo han congelado, han cubierto mi camino, y no me dejan ver por donde debo continuar, la oscuridad de tu pérdida no me deja ver los otros caminos. ¿No lo ves? Y dices que la terca soy yo. ¿Estas seguro? El que se empeña en no volver eres tu Martín. Eres tu quién, dejándome sola, se marchó, sin explicación alguna. Eres tu quién no olvida, eres tu quién debería estar sufriendo, y no yo. Aún crees que todo esto es una estupidez, ¿Verdad?. No Martín, no es ninguna estupidez, sencillamente es la manera de acabar con mi triste monotonía, es la manera de olvidarte de una vez por todas, es la manera de demostrarte que de verdad te quiero. Te demostrare que soy capaz de morir por ti. Y esta vez te pido, por favor, que no me lo impidas, no soportaría volver a fracasar. Aún será peor. Lo se, me contradigo, hace apenas un mes te pedía que me salvaras, y ahora te estoy pidiendo que te abstengas de hacer nada. No quiero ni siquiera verte, me harté de esperarte, ahora nada me ara cambiar de idea.
No esperes nada más de mi:
Clara.
28 de Septiembre
Clara:
Por favor, ¿que debo hacer para que cambies de idea?. Dime, ¿que hago para que te perdones la vida? Te quiero. Sí, lo he dicho, te quiero. Es la única razón por la que me fui, y por la cual no he vuelto aún. Te quiero, te quiero demasiado, no aguantare que te vayas para siempre. Por favor. Te quiero, te quiero demasiado para estar ahora contigo, cuando pueda volver prometo contártelo todo. Pero por favor, aguanta.
Recuerda, te quiere:
Martín.
sábado, 23 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
QUERIDO TÚ...
CAPÍTULO III
Tu:
Ja he perdido la cuenta de que día es hoy. No me lo puedo creer. Han sido unos días tan confusos estos últimos... Me veo obligada a contarte lo que ocurrió el día que intente acabar con esta estúpida e infeliz vida. Yo me encontraba en la ventana, la cuerda que utilizaba mi padre para escalar, en sus tiempos de juventud, estaba atada con fuerza a la barra que sostenía la cortina, el otro extremo rodeaba perfectamente mi cuello pálido. Deslice mi mirada asta el césped húmedo que se encontraba debajo de mi ventana. La cuerda era suficientemente corta como para no permitir que mis pies alcanzaran el suelo, y con un poco de suerte a esa hora todos dormirían y nadie podría impedir lo que llevaba planeando con precisión desde hacía un par de días. No podía salir mal. Estaba todo calculado, era todo tan preciso que nunca habría podido imaginar lo que ocurrió después.
Sí, fue inexplicable, de pronto una fuerza invisible me tiro con fuerza hacia atrás, mi cabeza golpeo con la esquina de la cama, quedé inconsciente durante un par de horas, calculando escasamente el tiempo que me llevó volver a incorporarme. Después de sentirme atacada por una fuerza tan extraña como la idea de que yo pudiera sonreír, me desperté en la cama, tumbada, perfectamente colocada, parecía que había permanecido durmiendo. Recordaba lo que había sucedido vagamente, y creí que todo había sido un estúpido sueño. Pero cambie rápidamente de idea cuando vi la cuerda atada en la cortina, que colgaba de mi ventana, entonces recordé lo que había sucedido con toda claridad. Como me había colocado con precisión en la ventana, y como, justo cuando me mentalizaba para saltar, algo me había lanzado al suelo, dejándome inconsciente pocos segundos después. Lo que no entendía era el porqué de encontrarme en la cama. Pensé que mis padres me podrían haber oído. Pero tampoco podía ser, en ese caso, mi madre aún permanecería a mi lado, esperando a que despertara, al igual que mi severo padre habría desatado la cuerda, y la habría guardado ha escondidas. Demasiadas preguntas se sumaron a las que ya permanecían en mi mente y de pronto un dolor de cabeza impresionante me dejo desarmada. Un sueño profundo me envolvió, y no desperté hasta el eterno atardecer del día siguiente. El sol no se acababa de esconder, aquel paso a la noche se me hizo extremadamente largo. La luz me confundía aún más, y me parecía imposible la idea de aguantar dos minutos más aquella claridad. Me escondí debajo de la colcha, y me eche a llorar. Estaba desconcertada. Permanecí en aquel escondite tan peculiar hasta que la luz se marcho del todo, y oí como mi madre golpeaba la puerta para anunciarme la hora de la cena. Esa noche pero, no me levanté. La bandeja se quedó en la puerta, esperando, como yo te espero a ti. Yo nunca llegué a recogerla, y mi madre no se inmuto al verla exactamente como la había dejado. Oí desde debajo de mi colcha como se llevaba el alimento que me debía de proporcionar fuerzas para pasar la noche. No tenia nada de hambre, así que no lo eche en falta.
Sigo confundida, y ahora cada vez como menos. Solo me cabe una razón para explicar lo que sucedió, por extraña, remota, e inexplicable que me llegue a parecer, es la única que me quiero creer. ¿Vigilabas tu aquella noche desde algún rincón?
Te fuiste, permite como mínimo que me vaya yo también.
Literalmente tuya:
Clara.
19 de Septiembre.
Querida Clara:
Olvidalo y por favor, no hagas ninguna estupidez. Hazlo sencillamente por ti, y no por mi. No seas terca, por favor.
Yo.
Tu:
Ja he perdido la cuenta de que día es hoy. No me lo puedo creer. Han sido unos días tan confusos estos últimos... Me veo obligada a contarte lo que ocurrió el día que intente acabar con esta estúpida e infeliz vida. Yo me encontraba en la ventana, la cuerda que utilizaba mi padre para escalar, en sus tiempos de juventud, estaba atada con fuerza a la barra que sostenía la cortina, el otro extremo rodeaba perfectamente mi cuello pálido. Deslice mi mirada asta el césped húmedo que se encontraba debajo de mi ventana. La cuerda era suficientemente corta como para no permitir que mis pies alcanzaran el suelo, y con un poco de suerte a esa hora todos dormirían y nadie podría impedir lo que llevaba planeando con precisión desde hacía un par de días. No podía salir mal. Estaba todo calculado, era todo tan preciso que nunca habría podido imaginar lo que ocurrió después.
Sí, fue inexplicable, de pronto una fuerza invisible me tiro con fuerza hacia atrás, mi cabeza golpeo con la esquina de la cama, quedé inconsciente durante un par de horas, calculando escasamente el tiempo que me llevó volver a incorporarme. Después de sentirme atacada por una fuerza tan extraña como la idea de que yo pudiera sonreír, me desperté en la cama, tumbada, perfectamente colocada, parecía que había permanecido durmiendo. Recordaba lo que había sucedido vagamente, y creí que todo había sido un estúpido sueño. Pero cambie rápidamente de idea cuando vi la cuerda atada en la cortina, que colgaba de mi ventana, entonces recordé lo que había sucedido con toda claridad. Como me había colocado con precisión en la ventana, y como, justo cuando me mentalizaba para saltar, algo me había lanzado al suelo, dejándome inconsciente pocos segundos después. Lo que no entendía era el porqué de encontrarme en la cama. Pensé que mis padres me podrían haber oído. Pero tampoco podía ser, en ese caso, mi madre aún permanecería a mi lado, esperando a que despertara, al igual que mi severo padre habría desatado la cuerda, y la habría guardado ha escondidas. Demasiadas preguntas se sumaron a las que ya permanecían en mi mente y de pronto un dolor de cabeza impresionante me dejo desarmada. Un sueño profundo me envolvió, y no desperté hasta el eterno atardecer del día siguiente. El sol no se acababa de esconder, aquel paso a la noche se me hizo extremadamente largo. La luz me confundía aún más, y me parecía imposible la idea de aguantar dos minutos más aquella claridad. Me escondí debajo de la colcha, y me eche a llorar. Estaba desconcertada. Permanecí en aquel escondite tan peculiar hasta que la luz se marcho del todo, y oí como mi madre golpeaba la puerta para anunciarme la hora de la cena. Esa noche pero, no me levanté. La bandeja se quedó en la puerta, esperando, como yo te espero a ti. Yo nunca llegué a recogerla, y mi madre no se inmuto al verla exactamente como la había dejado. Oí desde debajo de mi colcha como se llevaba el alimento que me debía de proporcionar fuerzas para pasar la noche. No tenia nada de hambre, así que no lo eche en falta.
Sigo confundida, y ahora cada vez como menos. Solo me cabe una razón para explicar lo que sucedió, por extraña, remota, e inexplicable que me llegue a parecer, es la única que me quiero creer. ¿Vigilabas tu aquella noche desde algún rincón?
Te fuiste, permite como mínimo que me vaya yo también.
Literalmente tuya:
Clara.
19 de Septiembre.
Querida Clara:
Olvidalo y por favor, no hagas ninguna estupidez. Hazlo sencillamente por ti, y no por mi. No seas terca, por favor.
Yo.
domingo, 10 de abril de 2011
QUERIDO TÚ...
CAPÍTULO II
12 de Agosto
Querido, o quizá mejor, Amado Tú:
La cama sigue caliente, y me recuerda más a ti que otros días. Fijate si te echo de menos, que esta misma noche me ha parecido ver tu figura tras las cortinas mientras recogía esta hoja de papel. Ayer una bocanada de aire me recordó de nuevo tu olor y una lagrima me rozó la mejilla. Últimamente paso los días encerrada en mi habitación, mis padres no insisten en que salga, finjo que debo estudiar. Mi madre se ha acostumbrado a traerme las comidas hasta la puerta, dando un par de delicados golpes después de dejar la bandeja en el suelo. Yo ya casi por inercia me levanto de la cama y pegando mi oreja a la puerta para oír como mi madre se aleja a la cocina, aguanto la respiración mientras abro la puerta para recoger aquello que me como sin ganas. Lo dejo encima de la cama y me tumbo de espaldas a la comida durante un buen rato, hasta que me decido, con cara de asco, a comer. Sí, mi vida se ha vuelto miserable e oscura desde que no estás, pero sé que esto no te va a servir de razón para volver. Las noches cada vez son más desesperantes, y los días más vacíos. Me he olvidado del reloj por completo, ya no cuento las horas. ¿De que me sirve el tiempo si no lo puedo pasar a tu lado? He dejado de cantar, las notas del piano me producen jaqueca, y se me ha olvidado hasta hablar. ¿De que me sirven las palabras si no te hablo a ti?. No quiero dormir, para no soñar contigo, pero no quiero estar despierta para ver que no estás aquí. Mi cabeza es un sinfín de preguntas sin respuestas y de contradicciones. Salvame de este abismo, o me veré obligada a acabar con toda esta estupidez.
Enteramente tuya:
Clara.
26 Agosto
Desaparecido Tú:
¿Qué ha sido de nuestra vida cariño? ¿Donde ha ido a parar nuestro amor? Ya no puedo vivir más sin ti. La monotonía de mis días me ahoga. Me siento completamente vacía. No hay NADA más sin ti. Hoy me he dado cuenta de que he dejado de existir desde que no estás. Además de llevar-te mi razón de vivir te llevaste mi vida entera. ¿Y ahora qué? ¿Qué hago aquí, consumiéndome en mi propia soledad? Dame una solución. Solo te lo pediré una vez más: salvame.
Tristemente tuya:
Clara.
2 de Septiembre
Sencillamente Tú:
Te quise. Te quiero. Pero no te querré. Todo se acaba aquí. Para mi ya no existe un futuro. Para mi ya no existirás tu.
Adiós.
Hasta siempre tuya:
Clara.
12 de Agosto
Querido, o quizá mejor, Amado Tú:
La cama sigue caliente, y me recuerda más a ti que otros días. Fijate si te echo de menos, que esta misma noche me ha parecido ver tu figura tras las cortinas mientras recogía esta hoja de papel. Ayer una bocanada de aire me recordó de nuevo tu olor y una lagrima me rozó la mejilla. Últimamente paso los días encerrada en mi habitación, mis padres no insisten en que salga, finjo que debo estudiar. Mi madre se ha acostumbrado a traerme las comidas hasta la puerta, dando un par de delicados golpes después de dejar la bandeja en el suelo. Yo ya casi por inercia me levanto de la cama y pegando mi oreja a la puerta para oír como mi madre se aleja a la cocina, aguanto la respiración mientras abro la puerta para recoger aquello que me como sin ganas. Lo dejo encima de la cama y me tumbo de espaldas a la comida durante un buen rato, hasta que me decido, con cara de asco, a comer. Sí, mi vida se ha vuelto miserable e oscura desde que no estás, pero sé que esto no te va a servir de razón para volver. Las noches cada vez son más desesperantes, y los días más vacíos. Me he olvidado del reloj por completo, ya no cuento las horas. ¿De que me sirve el tiempo si no lo puedo pasar a tu lado? He dejado de cantar, las notas del piano me producen jaqueca, y se me ha olvidado hasta hablar. ¿De que me sirven las palabras si no te hablo a ti?. No quiero dormir, para no soñar contigo, pero no quiero estar despierta para ver que no estás aquí. Mi cabeza es un sinfín de preguntas sin respuestas y de contradicciones. Salvame de este abismo, o me veré obligada a acabar con toda esta estupidez.
Enteramente tuya:
Clara.
26 Agosto
Desaparecido Tú:
¿Qué ha sido de nuestra vida cariño? ¿Donde ha ido a parar nuestro amor? Ya no puedo vivir más sin ti. La monotonía de mis días me ahoga. Me siento completamente vacía. No hay NADA más sin ti. Hoy me he dado cuenta de que he dejado de existir desde que no estás. Además de llevar-te mi razón de vivir te llevaste mi vida entera. ¿Y ahora qué? ¿Qué hago aquí, consumiéndome en mi propia soledad? Dame una solución. Solo te lo pediré una vez más: salvame.
Tristemente tuya:
Clara.
2 de Septiembre
Sencillamente Tú:
Te quise. Te quiero. Pero no te querré. Todo se acaba aquí. Para mi ya no existe un futuro. Para mi ya no existirás tu.
Adiós.
Hasta siempre tuya:
Clara.
sábado, 9 de abril de 2011
QUERIDO TÚ...
Capitulo I
El ultimo adiós, dulce, cálido, que me corta como la corriente fría, sincero, largo, pero breve al fin y al cabo, un abrazo y otro beso, que hace más difícil la separación. Un adiós inmutable, el más serio, y tal vez el menos esperado. Inocencia, porqué me haces esto, perder tanto, y comprender tan poco a la vez, culpa tuya, que lograste que no lo tomara con el debido valor. No soy capaz de dejarte marchar, me parte el alma y el corazón ver como te alejarás, cuando el sol dé señales de existencia. Estarás lejos ya, y yo permaneceré de pie frente la ventana viendo como el día amanece ignorando completamente mi propio anochecer. Mi vida será un decaimiento constante, sin ánimo, con la desilusión de mis días sola. Ni siquiera ahora me siento enteramente completa, y todavía te tengo frente a mi, tus ojos están vacíos, tu palabras suenan huecas, tus lagrimas ya son más frías que ayer, y tu amor por mi ya se ha rebajado la décima que lo mantenía.
Querido Tú:
La despedida ha quedado atrás. Hace unos minutos, sentada en la mesa con los demás, he procurado no levantar demasiado la cabeza, he tratado de no cruzarme con las miradas confundidas de los que me rodeaban, no me he visto con el valor para contarles la verdad. Solo he separado mis labios para meter más comida en mi boca, y lo necesario para alcanzar a saborear el refresco de mi vaso. No he dicho palabra y he notado como todos se sentían incómodos, en la silla de delante de mi el hombre al que llamo padre fumaba su tabaco caro, cargando así el ambiente de un humo espeso. Platos vacíos y una conversación leve que terminaba rápido. Me he levanto dispuesta a abandonar aquel mal estar, y me he dirigido a mi habitación, para encerrarme en ella, como de costumbre desde que me dejaste aquí. Las sabanas seguían revueltas de minutos atrás, y la ventana permanecía abierta de par en par, dejando que las cortinas de seda blanca bailarán con la brisa de la noche, el contorno de la luna se dibujaba perfectamente en su lienzo añil, nunca había observado una esfera tan perfecta. ¿Te lo puedes creer? Aún hoy he extendido la mano, y he levantado el pulgar, de nuevo he notado como el aire dejaba un beso tuyo en la comisura derecha de mi boca, te he recordado a mi lado en la playa, abrazándome por detrás, y he pronunciado en voz baja: “Donde quiera que estés, la luna nunca será más grande que un pulgar”. Y después me he preguntado si tu también lo estarías comprobando esta noche, como lo hiciste la ultima vez que estuvimos juntos, enredados en las mantas, y con el gran árbol del jardín como silencioso confidente. Ahora escribo esto para ti, aunque no espere recibir respuesta.
Lo siento, ahora no veo tan claro que te pueda olvidar. Entiéndeme y perdoname algún día.
Siempre tuya:
Clara.
El ultimo adiós, dulce, cálido, que me corta como la corriente fría, sincero, largo, pero breve al fin y al cabo, un abrazo y otro beso, que hace más difícil la separación. Un adiós inmutable, el más serio, y tal vez el menos esperado. Inocencia, porqué me haces esto, perder tanto, y comprender tan poco a la vez, culpa tuya, que lograste que no lo tomara con el debido valor. No soy capaz de dejarte marchar, me parte el alma y el corazón ver como te alejarás, cuando el sol dé señales de existencia. Estarás lejos ya, y yo permaneceré de pie frente la ventana viendo como el día amanece ignorando completamente mi propio anochecer. Mi vida será un decaimiento constante, sin ánimo, con la desilusión de mis días sola. Ni siquiera ahora me siento enteramente completa, y todavía te tengo frente a mi, tus ojos están vacíos, tu palabras suenan huecas, tus lagrimas ya son más frías que ayer, y tu amor por mi ya se ha rebajado la décima que lo mantenía.
Querido Tú:
La despedida ha quedado atrás. Hace unos minutos, sentada en la mesa con los demás, he procurado no levantar demasiado la cabeza, he tratado de no cruzarme con las miradas confundidas de los que me rodeaban, no me he visto con el valor para contarles la verdad. Solo he separado mis labios para meter más comida en mi boca, y lo necesario para alcanzar a saborear el refresco de mi vaso. No he dicho palabra y he notado como todos se sentían incómodos, en la silla de delante de mi el hombre al que llamo padre fumaba su tabaco caro, cargando así el ambiente de un humo espeso. Platos vacíos y una conversación leve que terminaba rápido. Me he levanto dispuesta a abandonar aquel mal estar, y me he dirigido a mi habitación, para encerrarme en ella, como de costumbre desde que me dejaste aquí. Las sabanas seguían revueltas de minutos atrás, y la ventana permanecía abierta de par en par, dejando que las cortinas de seda blanca bailarán con la brisa de la noche, el contorno de la luna se dibujaba perfectamente en su lienzo añil, nunca había observado una esfera tan perfecta. ¿Te lo puedes creer? Aún hoy he extendido la mano, y he levantado el pulgar, de nuevo he notado como el aire dejaba un beso tuyo en la comisura derecha de mi boca, te he recordado a mi lado en la playa, abrazándome por detrás, y he pronunciado en voz baja: “Donde quiera que estés, la luna nunca será más grande que un pulgar”. Y después me he preguntado si tu también lo estarías comprobando esta noche, como lo hiciste la ultima vez que estuvimos juntos, enredados en las mantas, y con el gran árbol del jardín como silencioso confidente. Ahora escribo esto para ti, aunque no espere recibir respuesta.
Lo siento, ahora no veo tan claro que te pueda olvidar. Entiéndeme y perdoname algún día.
Siempre tuya:
Clara.
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