Capitulo I
El ultimo adiós, dulce, cálido, que me corta como la corriente fría, sincero, largo, pero breve al fin y al cabo, un abrazo y otro beso, que hace más difícil la separación. Un adiós inmutable, el más serio, y tal vez el menos esperado. Inocencia, porqué me haces esto, perder tanto, y comprender tan poco a la vez, culpa tuya, que lograste que no lo tomara con el debido valor. No soy capaz de dejarte marchar, me parte el alma y el corazón ver como te alejarás, cuando el sol dé señales de existencia. Estarás lejos ya, y yo permaneceré de pie frente la ventana viendo como el día amanece ignorando completamente mi propio anochecer. Mi vida será un decaimiento constante, sin ánimo, con la desilusión de mis días sola. Ni siquiera ahora me siento enteramente completa, y todavía te tengo frente a mi, tus ojos están vacíos, tu palabras suenan huecas, tus lagrimas ya son más frías que ayer, y tu amor por mi ya se ha rebajado la décima que lo mantenía.
Querido Tú:
La despedida ha quedado atrás. Hace unos minutos, sentada en la mesa con los demás, he procurado no levantar demasiado la cabeza, he tratado de no cruzarme con las miradas confundidas de los que me rodeaban, no me he visto con el valor para contarles la verdad. Solo he separado mis labios para meter más comida en mi boca, y lo necesario para alcanzar a saborear el refresco de mi vaso. No he dicho palabra y he notado como todos se sentían incómodos, en la silla de delante de mi el hombre al que llamo padre fumaba su tabaco caro, cargando así el ambiente de un humo espeso. Platos vacíos y una conversación leve que terminaba rápido. Me he levanto dispuesta a abandonar aquel mal estar, y me he dirigido a mi habitación, para encerrarme en ella, como de costumbre desde que me dejaste aquí. Las sabanas seguían revueltas de minutos atrás, y la ventana permanecía abierta de par en par, dejando que las cortinas de seda blanca bailarán con la brisa de la noche, el contorno de la luna se dibujaba perfectamente en su lienzo añil, nunca había observado una esfera tan perfecta. ¿Te lo puedes creer? Aún hoy he extendido la mano, y he levantado el pulgar, de nuevo he notado como el aire dejaba un beso tuyo en la comisura derecha de mi boca, te he recordado a mi lado en la playa, abrazándome por detrás, y he pronunciado en voz baja: “Donde quiera que estés, la luna nunca será más grande que un pulgar”. Y después me he preguntado si tu también lo estarías comprobando esta noche, como lo hiciste la ultima vez que estuvimos juntos, enredados en las mantas, y con el gran árbol del jardín como silencioso confidente. Ahora escribo esto para ti, aunque no espere recibir respuesta.
Lo siento, ahora no veo tan claro que te pueda olvidar. Entiéndeme y perdoname algún día.
Siempre tuya:
Clara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario