Tengo las manos verdes de pintar aquella pared en la que dibujábamos nuestros sueños. Tengo los pies descalzos con rastros lima entre los dedos, el pelo manchado de un blanco roto, como mi vida contigo.
Tengo una habitación vacía de recuerdos y pienso llenarla con sueños nuevos y colores distintos.
Me queda la maquina de los gofres perfectos que meteré en la caja de los buenos recuerdos y cosas inservibles.
He dejado un pasado perfecto para entrar en un futuro incierto. En el que, confío, no te volveré a encontrar.
Voy a conseguir un comedor con la pared dorada, donde veré caer la mañana y quemarse la tarde, hasta dejar paso a la noche sin dejar de mirar al cielo.
Me reiré de las tonterías de la gente y podré estar sola cuando me apetezca, esperaré el tiempo que haga falta, aunque sea una eternidad, antes que nadie vuelva a hacerme daño o trizas el corazón.
Compraré la felicidad en Internet y no daré importancia a su calidad. Viviré y nada más. Recordaré, me arrepentiré, lloraré y me burlaré del pasado; pero no intentaré evitarlo.
Estaré orgullosa de mi, de mi vida y de mis pestañas, de mis gestos y mi ropa, no intentaré cambiar nada.
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