viernes, 29 de julio de 2011
...Blind to see the way...
Hay tres clases de personas ciegas; las que tienen una discapacidad, las que no quieren ver y las que no se les permite.
Una vez me contaron una historia sobre alguien que creyó que creer en lo que se creía era condenarse a una vida planeada, sin sorpresas ni arrepentimientos. Las lecciones de la vida desenfrenada lo condujeron a llevar gafas de sol para ocultar sus pupilas destrozadas y sus ojos sin visión. Éste reconoció que lo peor de una hazaña vivida es no poder contemplarla con los ojos sabios, de los mayores, e inocentes, de los niños. Después de eso entendió que todo el mundo estaba más ciego que él pues nadie había sacrificado parte de su vida para descubrirlo.
Con esto me quiero referir a todos los que han sufrido alguna vez por no ver las cosas a tiempo y se han dado cuenta después de topar con ellas en las narices. Quisiera contarles que todo el mundo es igual de ciego que nosotros, me gustaría preguntarles si alguna vez se han parado a contar las veces que les ha pasado eso a sus amigos o a ellos mismos, desearía que todos nos diéramos cuenta de que no estamos solos, aunque yo siga pensándolo todavía...
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