¿Qué más da si tus palabras suenan pesarosas?
Porque solo con oírlas, leerlas o imaginarlas
me dan todo apoyo que pueda necesitar ahora.
¿Qué más da si las palabras se vuelven prohibidas
por salir de tus labios cuando están en silencio?
Si por su origen se vuelve lo prohibido deseado
y ahora me he vuelto desadora de tus prohibiciones.
¿Qué más da si un susurro me hace latir el corazón
y lo contiene mientras tu te acercas disimulando?
Si mi corazón acalla tus gritos mientras tu abrazo
enmudece mis penas y mi sufrir por tus ojos.
¿Qué más da arrepentirse de los pecados si los dos
hemos sido pecadores alguna vez juntos o separados?
Pues para mi ya no existen pecados que me abrumen
los pensamientos puros de mi amor por la escritura.
¿Qué más da que tu seas así y yo sea tu antónimo
en la misma oración larga y sin respiro?
Solo tú, silencioso, monótono, el que me reanima
y dos horas más tarde me mata. Sin pena ni alivio.
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