Donde las luces se dividen
en colores de mar y azufre;
donde todos los segundos
parecen pocos para vivir;
donde la noche no sirve
para dormir sino para desvelarse;
donde todo y nada tienen,
a pesar de sus diferencias,
el mismo significado.
Allí y donde se encuentran,
temblorosas y débiles,
las miradas refulgentes.
Morir y dormir no tienen
tanta diferencia donde,
después de una vida,
solo importa lo que
piensas de el exterior.
Por risas y dolores
que pretenden volverse
invisibles a los ojos
de una humanidad
que se consume lenta
y consume lenta
y inconscientemente hacia
una perdición sin
victoria ni derrota.
11/06/11
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